EL PROBLEMA DEL CORTO TÉRMINO MUNICIPAL DE JÓDAR: Un conflicto político y económico surgido en la época de la Frontera.
Ildefonso Alcalá Moreno
Los pueblos de Sierra Mágina, a pesar de la lejanía en el tiempo, siguen heredando las consecuencias de la política ejecutada durante los tiempos en que esta comarca fue frontera con el reino nazarí de Granada, uno de estos problemas fue la delimitación de los términos o jurisdicciones de cada una de las poblaciones, vendidos y comprados al antojo de los intereses económicos de señores, órdenes militares o religiosas y los potentes concejos de Baeza, Jaén o Úbeda, y ya conquistada Granada, el de esta propia ciudad. El pago de favores del rey y la inestabilidad social y económica de la zona dieron lugar a que los concejos de Mágina, no estabilizasen sus límites hasta comienzos del siglo XVI, como veremos en algunos casos.
Introducción
No cabe duda, que uno de los grandes problemas de nuestra ciudad, es su corto
término municipal, origen de infinidad de conflictos y problemática
social, que es la del acceso a la tierra de gran parte del vecindario.
El término municipal de Jódar lo forman 149´33 Km2, es decir
unas 14.416´52 hectáreas, limita al Norte con el río Guadalquivir
y el término municipal de Úbeda y Baeza, al Sur con los de Cabra
del Santo Cristo, Solera y Bélmez de la Moraleda, al Este con los de
Úbeda y Cabra del Santo Cristo y al Oeste con los de Bélmez de
la Moraleda y Bedmar. Está atravesado de Sur a NE por el río Jandulilla,
afluente del Guadalquivir. La mayoría de los terrenos pertenecen al período
Mioceno aunque por algunos lugares aflora el Cretácico. El término,
es generalmente quebrado, con ondulaciones y pendientes que determinan la formación
de montes y barrancos, cárcavas y quebradas muy acentuadas. En la mitad
Norte, se encuentran destacados los montes de Cerro Gordo, Sierrezuela de Jódar
y Bedmar y Cerro Hernando y, en la mitad Sur los de la Sierra de la Cruz, de
la Cuerda o Miramontes, Atalaya, Fontanar y Dos Hermanas. Entre ellos se enmarcan
estrechos valles, muy erosionados y algunos llanos, generalmente comprendidos
entre el casco urbano y el Este, ya que el resto es de tortuosa topografía.
Se señalan como zonas llanas, algunas de los pagos denominados Dehesas
del Príncipe, Heredad de los Olivos, Los Cipreses, El Obispo y Llano
de Quesada, y con topografía quebrada, salvo algunas excepciones, los
de las Quebradas, Jandulilla, Dehesa de Miramontes, Llano Molino, Partición,
Las Salinas, Cañada de los Habares, Arroturas, etc.
Las tierras son en general de poco fondo, que en muchos espacios deja la capa
friática al descubierto, calizas y arenosas, con grandes manchas y escasas
zonas de predominio arcilloso. Retienen mal la humedad y, tanto por las pendientes,
régimen de lluvias y disposición de las plantaciones árboreas,
como por los métodos de cultivo utilizados, la erosión se encuentra
muy avanzada y en constante progresión. Las zonas más bajas son
las riberas del Guadalquivir y Jandulilla, están a una altitud comprendida
entre los 320 y 400 m. La máxima altitud corresponde al vértice
situado en la Sierrezuela de Jódar y Bedmar, conocida en la ciudad como
Cerro San Cristóbal con 1.381 metros (Mesa Fernández, 1996).
El término municipal de Jódar presenta una forma superficial asimilable
a un rectángulo cuyo lado mayor midiera, aproximadamente 17 kilómetros
y el lado menor, octogonal al anterior unos 9 kilómetros, estando el
lado mayor orientado en dirección Norte-Sur y el menor Este-Oeste. La
altitud varía entre los 320 metros del embalse de Pedro Marín
situado al Norte. El 77 % del término municipal tiene su cota comprendida
entre los 400 y 800 metros y la altura media es de 657 metros.
La gestación del término ante el control baezano: El Señorío
de Sancho Martínez de Xodar.
El actual término municipal de Jódar, como tal comenzó
a gestarse tras la conquista cristiana de las tropas del rey Fernando III "El
Santo". Tras el fallecimiento del Al-Bayyasi y la conquista de Baeza, queda
libre a Fernando III toda la comarca del Jandulilla (Aguirre Sádaba et
Jiménez Mata 1979). Entre 1227 y 1229 conquistó Sabiote, así
como Garciez y Jódar, fortalezas que custodiaban el paso del río
Jandulilla, con éstas conquistas el monarca castellano reforzaba la situación
de Baeza, al librarla de incursiones desde el Jandulilla, siendo también
conquistado, aunque nada mencionan las crónicas, el castillo de Jandulilla
(Cerro Castillejo) pues en 1235 el rey otorga un documento en el que permuta
al obispo de Osma la villa de Chicrana con el castillo de Xandolilla. Cuando
Fernando III conquistó Jódar y Garcíez los entregó
para su custodia el primero a Sancho Martínez de la Torre- en fecha que
desconocemos-, que cambió su apellido por: Martínez de Xodar,
y el segundo lo donó al concejo de Baeza, siendo primordial en estos
primeros años el fortalecimiento y organización del poder baezano,
siendo delimitado su término el 19 de mayo de 1231 y por ende una parte
del de Jódar, el documento para curiosidad dice así:
"... dono itaque vobis et concedo terminos per loca inferius nominata videlicet:
per portum de Muradal sicut aque corrunt versus Baeciam ey quomodo vadit per
summitatem serre usque ad directum ubi caedit Ferrumbral in Guadalquivir et
de Ferrumbral per Guadalquivir ad sursum usque ad Torres sicut dividit terminum
cum Jahen et do vobis Torres cum suo termino; et deinde quomodo vadit per summitatem
serre de Bedmar et de Xodar sicut aque currunt usque Baeciam et de serra de
Xodar quomodo descendit directe ad Xandoliellam et Xandoliellam cum suo termino
sicut tenet usqye Guadalquevir et deinde sicut Baecia dividit terminum cum Ubeta
et deinde quomodo Bilche dividit terminum cum Sancto Stephano el cum Turre de
Alber et deinde quomodo vadit directe usque ad summitatem serre de Muradal et
per inde sicut tornat ad ipsum portum de Muradal" (Higueras Maldonado,
1974).
En lo relacionado con Jódar vemos que el término Baezano bordeaba
la sierra de Bedmar y Jódar y llegaba hasta el castillo de Jandulilla,
que pertenecía a esta ciudad, escapándose al control baezano el
paso del Jandulilla que lo controlaba Sancho Martínez de Xodar. Las disputas
por el control territorial llevaron hasta el obispo de Baeza, Fray Domingo,
y el arzobispo de Toledo, Rodrigo Ximénez de rada, que en la organización
de la diócesis baezana se disputaban para su mitra Jódar y Garcíez,
finalmente gracias a la mediación de otros prelados el 27 de mayo de
1243 queda unido Jódar, definitivamente a la sede baezana, para dotar
a la sede de rentas y bienes el 12 de septiembre de 1234 el rey hace donación
de la "deciman salinarum de Xodar et de Garçiez", por lo que
conocemos de la existencia de estas explotaciones y de la seguridad del territorio
(Rodríguez Molina, 1978).
El creciente poder político y económico de Sancho Martínez
de Xodar le permitió un control exhaustivo de todo el norte de la actual
comarca de Sierra Mágina. El control de Sancho Martínez sobre
éstas tierras, pone en discusión a varios historiadores, si para
Argote de Molina éste conquistó el castillo y tomó de él
su apellido, para Antonio de Barahona la villa fue ganada por Martín
de Xodar, padre de Sancho, que debió de morir relativamente pronto pues
a mediados de siglo, su hijo nos aparece como señor de Jódar y
Adelantado Mayor de la Frontera.
La expansión del Señorío hacia el sur y el inicio
del control ubetense.
Al señorío de Jódar estaba unida también la villa
de Bedmar, difiriendo los historiadores en este punto, para el historiador Quesada
Quesada, después de estudiar todas las hipótesis documentales
llegó a la conclusión de que Sancho Martínez de Xodar recibió
del rey Fernando III las villas de Jódar y Bedmar (Quesada Quesada 1989).
Vemos pues que en el siglo XIII, se había formado en torno a Jódar
uno de los principales Señoríos laicos en la persona de Sancho
Martínez, iniciando la expansión de su Señorío hacia
el sur, logrando someter los castillos de Chincóyar y Ablir y los poblados
de Solera, Polera, Gris, Alló y Ogáyar, dominando buena parte
del Jandulilla, pero estas iniciales posesiones iban a durar poco. Baeza temerosa
del crecimiento territorial de Señorío de Jódar, consigue
del rey el 6 de abril de 1243 que se le cediesen los castillos de Chincóyar
y Ablir, tras el fallecimiento de Sancho Martínez, con esta concesión
y otras recuperó el poder sobre el paso del Jandulilla, rodeando el Señorío
de Jódar por tierras de la ciudad de Baeza.
Nuevamente iban a ser reestructurados los términos, así el rey
Alfonso X adjudica el 20 de febrero de 1264 a la ciudad de Úbeda, ausente
hasta entonces en el valle del Jandulilla, el castillo de Recena junto al río
Bedmar, cerca de Garcíez, así como las aldeas de Cabra y Santisteban
-cerca de Jimena- el 25 de mayo de 1254. Sancho Martínez que había
visto mermada su extensión señorial, con la pérdida de
Chincoya, Ablir (que materialmente nunca pasaron a Baeza pues fueron destruidos
junto con las aldeas en la razzia de Abu Yusuf) y Cuadros (donado en 1260 al
obispo de Jaén), consigue compensar éstas con la donación
del rey Alfonso X en 1269 del castillo de Garcíez y su heredamiento comprados
al concejo de Baeza, que se resistió, siendo conminados a su entrega
en 1273.
Para Quesada Quesada, posiblemente pasaron a formar parte de los dominios de
Sancho Martínez las villas de Jimena y Albanchez, donde tenía
intereses económicos, pero con la muerte de éste en 1274 o 1275
sus dominios se repartieron entre sus dos hijos: Sancho Sánchez se quedaría
con Bedmar y Sancho Pérez con Jódar, que tuvo una hija: Juana
Rodríguez de Xodar la cual casó con Garci Méndez de Sotomayor,
pasando así Jódar a esta familia cordobesa. Con la disgregación
del Señorío, Jódar pierde parte de su territorio, quedando
relegado al que hoy conocemos, más o menos, pues la codiciosa presencia
de ciudades poderosas como Úbeda y Baeza o la Orden de Santiago en Bedmar,
iban a trastocar, de nuevo, los límites futuros.
La descomposición del Señorío de Xodar.
A tal punto llegó la descomposición del potente Señorío
de Jódar que el 26 de agosto de 1283 el infante don Sancho dona la villa
al concejo de Baeza, esto puede significar varias cosas, para el historiador
Quesada, que la villa hubiese sido conquistada por los musulmanes, o que su
señor Jimén Pérez de Jódar hubiese abandonado su
apoyo a don Sancho y se hubiese pasado a los defensores de Alfonso X y los infantes
de la Cerda. Lo cierto es que jamás Jódar pasó al concejo
de Baeza y fue señorío independiente durante toda la Edad Media.
En el siglo XIV el Señorío perteneció a los Méndez
de Sotomayor, quedando en poder de Jódar la torre y heredamiento de Nínchez
y Chozas, cerca de Garcíez, así como posiblemente el castillo
de Albanchez, perdiendo Chincóyar, Ablir, Solera, Polera, Gris, Alló
y Ogáyar conquistadas por los musulmanes y destruidas, Garcíez
pasó a otros señores, no sabemos porqué medios y Bedmar
se independizó (Mesa Fernández 1996). En torno a 1233 formaba
parte del Señorío de Jódar el castillo de Bélmez,
tras la pérdida jurisdiccional por Baeza, en 1368 pasó, de nuevo,
a Muhammad V que lo volvió a conquistar, también pierde el Señorío
el castillo de Albanchez comprado por Alfonso XI por 15.000 maravedíes
para el concejo de la ciudad de Úbeda en 1338. Apareciendo en 1309 la
potente Orden Militar de Santiago que se posesiona de Bedmar y después
de Albanchez.
La recomposición del Señorío a inicios del siglo XV.
Con la entronización de la Dinastía de los Trastámaras
en 1369 aparece en el valle del Jandulilla, un personaje que reconstruirá
en parte el primitivo señorío de Sancho Martínez, se trata
del Condestable Ruy López Dávalos, que en torno a 1406 compra
la villa de Jódar a Luis de Sotomayor, estando también en posesión
de la de Jimena, aunque no parece muy factible tuviese la de Bedmar, aunque
sí influencia política sobre ella. Acusado de pactar con los musulmanes
la entrega de la villa de Jódar cae en desgracia y huye a Aragón,
siendo confiscada la villa por el rey Juan II, probada la falsedad de la acusación,
tras la muerte del Condestable en 1428 sus herederos inician un pleito para
recuperar estas posesiones, las cuales pasaron a Pedro de Zúñiga
o Stúñiga, camarero mayor del rey, y después fue comprada
por Pedro Girón, como vemos, estas continuas ventas no denotan otra cuestión
que el escaso valor económico y político de la villa y término,
debido a que las rentas que producía no le eran rentables para sus intereses.
Como premio a los servicios prestados, Pedro Girón dona en torno a 1465
la villa de Jódar a Día Sánchez de Carvajal, que ya había
sido nombrado Alcaide de su castillo el 17 de marzo de 1463. Día Sánchez
se convierte en señor efectivo de la villa de Jódar, cuando renuncia
a sus derechos y reclamaciones sobre ella, el hijo de Pedro Girón, el
conde de Ureña, Alfonso Téllez Girón el 28 de octubre de
1467, la posesión sobre la villa te trajo algunos problemas como la reclamación
de los Stúñiga sobre ella el 10 de diciembre de 1483, tras un
largo pleito que finaliza en 1511 se llega a un acuerdo entre ambas partes;
debido a las luchas políticas y al llamado Pacto de los Toros de Guisando
por el que el rey Enrique IV reconoce como heredera a su hermanastra Isabel,
los Carvajal se muestran partidarios en contra del rey y su decisión,
por lo que sus bienes son confiscados en 1472 pasando al linaje de los Benavides
(Toral Peñaranda 1975).
Fallecido Enrique IV e iniciada la Guerra Civil, los Carvajal no se muestran
partidarios de ningún bando, decidiendose finalmente a apoyar a la facción
de Isabel, de la cual eran partidarios los Benavides, acogidos al perdón
general de Valladolid de 1475, los Reyes Católicos mandaron se revisase
el proceso de confiscación, recuperando sus bienes en 1477, iniciando
Juan de Benavides un pleito para la devolución de éstos, a pesar
del cual Día Sánchez de Carvajal se afianza en sus dominios y
posesiones, iniciando el proceso para controlar el castillo de Bélmez,
creando el Mayorazgo de Jódar. El 4 de enero de 1485 fallece en el cerco
de Málaga dejando sus bienes a su hijo, Alonso de Carvajal, entre ellos
la villa de Jódar "con sus vasallos, término, fortaleza y
derechos señoriales".
Años más tarde, y después de pleitos con el concejo de
Granada por la posesión de Bélmez, que de hecho venía siendo
regentada por Alonso de Carvajal, el rey Fernando concede a Diego de Carvajal
la villa en iguales condiciones que a sus antecesores (alcaides perpetuos),
reclamando el concejo de Granada que había pagado por ella 300.000 maravedíes,
por lo que la villa pasó a Diego de Carvajal que ya la incluye dentro
de su nuevo Mayorazgo el 11 de octubre de 1523, para el cual tenía facultad
dada por el Emperador Carlos V fechada en Valladolid el 5 de junio de ese año
(Mesa Fernández 1996).
Los primeros problemas territoriales con Úbeda.
De la existencia de problemas sobre límites de términos nos habla
Quesada Quesada, que dice que el 26 de febrero de 1471 Día Sánchez
de Carvajal compra un donadío de tierras, el de la Veguilla del Castillo
de Cuevablanca, a Rodrigo de Molina, vecino de Úbeda, en el término
de esta ciudad, que llegaba "...fasta dar al termino de Xodar...";
y en otras fechas compra, también en término de Úbeda,
colindantes con el de Jódar otros dos heredamientos: el de la Vega de
Sancho Pérez y el de La Casa del Barbero, tratando de anexionarlos al
término de Jódar, al igual que habían hecho otros concejos
vecinos al de Úbeda, por lo que a petición del concejo de Úbeda,
los reyes comisionaron al licenciado Llerena el 29 de septiembre de 1492 para
que extendiese las quejas a los otros colindantes usurpadores.
Por lo que respecta a Jódar y Úbeda, se logró por ambas
partes renunciar a mantener un pleito por la jurisdicción de estas tierras
y que informandose de seis testigos de cada localidad se dictara sentencia arbitral
que debían de aceptar ambas partes. El 15 de octubre de 1493 el licenciado
Llerena pronunció sentencia imponiendo perpetuo silencio al concejo de
Úbeda y a Alonso de Carvajal sobre el tema, en efecto el Archivo de la
Real Chancillería de Granada (Cab. 3, leg. 1246, pieza nº1) se habla
de que "el martes 15 de octubre de 1493 el licenciado Juan de Llerena pronunciaba
una sentencia poniendo fin a las diferencias entre Úbeda y Jódar
por cuestión de términos, y en ella se dice que uno de los mojones
estaba constituido por el castillo de Xandulilla: "... otro mojon esta
en el Azebuche en par del castillo de Xandulilla a la mano derecha del dicho
castillo...", quedando así solucionado el tema, perdiendo Jódar,
por los intereses ocultos de su señor, la posibilidad de abrirse a las
vegas del Guadalquivir, reclamación que volvió a hacerse en los
años 30 y 80 del siglo XX.
En base al anterior documento, observamos como en la actualidad, esta parte
del término se encuentra agregada al de Úbeda, la propiedad de
la antigua Villa de Xandulilla como comprobamos llevaba en litigio bastante
tiempo, hay una tradición oral que nos habla de que ante la amenaza de
la zona se repartieron los bienes de esta población, antes de su abandono,
produciéndose un litigio entre Úbeda y Jódar por la propiedad
de los mismos, pues no reconocían la jurisdicción de un pueblo
o de otro sobre Xandulilla, esta tradición hay que documentarla anterior
a 1350, fecha en la que Ximena Jurado coloca la destrucción de la misma
(Ximena Jurado 1654 et Blanco y Blanco 1913).
El problema entre los limites de Jódar y Úbeda continua en el
siglo XVI, cuando en 1510, ante la escasez del término se usurpan tierras
colindantes del de Úbeda. En relación con este problema de los
límites entre términos, el historiador Tomás Quesada dice:
"Un último aspecto que nos queda por considerar como consecuencia
de la conquista del reino de Granada es las perspectivas generadas en las antiguas
poblaciones fronterizas de apropiarse de tierras conquistadas. Después
de dos siglos y medio de vecindad forzada y de sufrir los ataques de los musulmanes,
los hombres de la frontera se creen con derecho a avanzar sus líneas
tradicionales incorporando a sus términos las tierras... Fue un intento
por parte de cada concejo de ampliar sus términos a costa de sus vecinos
valiéndose de las oscilaciones que desde el siglo XIII había sufrido
la línea fronteriza, por lo que consideraban que los términos
que tenían hasta entonces no se correspondían con los que habían
tenido en algún momento".
En efecto, desaparecido el reino nazarí de Granada, los concejos se aprestaron
a delimitar sus tierras, a esto debió influir los cambios producidos
en la sociedad y economía, pues si antes era necesario tener establecidos
unos términos y vigilarlos para que no fuesen invadidos por el ganado
de otros concejos, ahora al roturarse la tierra, la invasión de los términos
pasó de pasajera a permanente, puesto que si el roturador era vecino
de otro pueblo las tierras se sometían al régimen jurídico
de ese pueblo, lo que en la práctica era apropiarse de los términos
de los concejos vecinos.
Una práctica muy frecuente fue también la compra de tierras por
parte de los señores en los límites de sus señoríos
o fuera de éstos pero colindantes con ellos, para aumentar así
la extensión de la villa, con lo que se usurpaban términos y había
superposiciones de jurisdicción. Este sistema fue utilizado por el señor
de Jódar en tierras de Úbeda, como hemos visto anteriormente.
Con la tranquilidad y sin la amenaza de guerras civiles y fricciones, como la
de las Comunidades, la villa comienza a crecer demográfica y económicamente,
"porque en el termino de dha villa ha habido labor y cómodo para
poder sustentarse y crescer la dha villa", en 1578 los vecinos califican
al término "de cálido y sano y es tierra sana y montuosa
por algunas partes" (Mesa Fernández 1996). En efecto para el escaso
número de habitantes, podían calificarlo "de mucho término
y bueno".
La situación comienza a agravarse durante todo el siglo XVII, comenzando
la emigración temporera hacia otros términos municipales, en busca
de trabajo, dado que la escasez del término hacía finalizar muy
pronto la recolección de cereales, en el auto de Buen Gobierno de 1635
se obliga a la justicia y regidores a visitar cada año el término,
sin duda para comprobar los mojones. La escasez en las recolecciones se hacía
ya nota y en 1650 apareció el hambre, huyendo más de 100 vecinos
entre 1652 y 1655. En 1709 se inicia una curiosa denuncia de corrupción
contra el Corregidor, y entre otras acusaciones figura un fraudulento deslinde
de términos y amojonamiento, para el que no tenía competencias,
acordandose que se realice una nueva visita para comprobar si habían
sufrido alguna variación los mismos (Archivo Municipal de Jódar.
Libro Capitular de 1709).
Los conflictos de términos en Sierra Mágina. Una eterna disputa
por la propiedad de la tierra: Los expedientes de amojonamiento.
El 3 de octubre de 1721 ( A.M. J. Libro Capitular de 1721) se produce un quebrantamiento
del término en la Sierra de la Cruz por Francisco García y consortes
que eran carboneros, enviandose a dos ganaderos para que señalen la división
de términos con cruces en las encinas, los cuales reconocen que los carboneros
-eran gallegos- que habían comprado el encinar por la parte del término
de Bedmar se habían introducido en el de Jódar talando las encinas
y haciendo mucho daño, intentando ser sobornados por los mismos para
que no se hiciese denuncia con 8 pesos, se ordena su encierro en la cárcel
de la villa. Por un documento del 23 de agosto de 1773 sabemos que en el lugar
llamado "Sitio del Peloteadero" empezaba el término con el
de Úbeda (A.M.J. Expedientes de Deslindamiento).
Ya en la obra "Atlante Español" publicada por Bernardo Espinalt
en 1788 se decía: "...su término es corto, y está
aislado por los tres ríos referidos...".
En el llamado "Catastro del Marqués de la Ensenada" (Archivo
Histórico Provincial de Jaén) en 1752 se dibuja, por primera vez,
el plano del término municipal, tenía un total de 16.890 fanegas,
de las que en el año 1826, el olivar ocupaba 1.975, las tierras cultas
de labor 7.906, las tierras cultivables e incultas 1.435, las incultivables
eran 2.900 fanegas, ocupando los montes y pastos 1.569. También los labradores
en 1829, debido al escaso término plantaron 1.000 fanegas en terreno
de Úbeda, de las que 630 las tenían barbechadas. La primera queja
referente a la escasez del término municipal la tenemos en 1831 cuando
los propios Capitulares dicen: "existe queja del corto término municipal
y cortedad de los labradores, pues faltan éstos y tierras de agricultura
por manera que sólo ascienden éstos a unos diez u once" (A.M.J.
Libro Capitular de 1831).
Desde mediados del siglo XIX se encuentran constantes documentos de amojonamiento
y apeos practicados entre con los pueblos limítrofes, con el fin de aclarar
las demarcaciones con cada uno de ellos, ante los constantes problemas entre
los labradores. El primer deslinde y amojonamiento se realiza con el término
de Bélmez de la Moraleda en 1859, desde la "Cruz del Atajo"
hasta el "Candalo". En 1862 se reconoce que las "lineas no están
bien definidas" con los términos de Cabra del Santo Cristo y Solera,
especialmente en la zona de "Los Pinares".
En 1871 se realiza un expediente de amojonamiento y deslinde con el término
de Úbeda y el de Cabra de Santo Cristo, en 1874 con el de Bedmar, ya
practicado por el Jefe de la 19ª Brigada del Instituto Topográfico,
manifestando la comisión de Jódar el 17 de noviembre que "el
terreno comprendido entre el mojón nº 7 y el 15º se había
siempre considerado como entredicho o comun a los dos Ayuntamientos y que interin
estos no se arreglasen la cuestion pendiente , protestaba de la operación
llevada a cabo en este deslinde". Los mojones a los que hace referencia
son los comprendidos entre la "Cruz de Requena" formado por la intersección
del eje del camino de Bedmar a Bélmez con el eje de la carretera de Jódar,
el de la "Cuesta de Soriano", el que va del Collado de "La Sabina"
a lo alto de "Los Canjorros" de la "Cuerda de Miramontes"
bajando hasta el "Aoyo de la Estanquera" y siguiendo hasta el alto
de "Cañada Morena", es decir toda la zona conocida como "La
Partición" y la parte de la Sierra de Miramontes, ya llamada "La
Cuerda".
El tema de los límites con Bedmar no debió de solucionarse, pues
escribe el 4 de julio de 1915 el Alcalde de Bedmar, Miguel Martos, sobre la
alteración del mojón en el sitio denominado de "La Golondrina"
pidiendo se nombre una comisión para la rectificación del mismo.
En 1875 vuelve a practicarse otro deslinde con Úbeda, ésta vez
realizado por el Instituto Geográfico y Estadístico (16ª
Brigada de la provincia)
El 11 de marzo de 1929, el Alcalde de Úbeda, Baltasar Lara, contesta
a la carta del Alcalde de Jódar sobre el acta que el 3 de septiembre
de 1923 se levantó para el reconocimiento de los mojones y nuevo amojonamiento
de la linde común a los términos de Úbeda y Jódar,
en la parte correspondiente al Cortijo "Las Rejas", que se encontraba
en litigio.
El 25 de marzo de ese año el Alcalde envía un oficio al Ministerio
de Trabajo y Previsión, del que dependía la Dirección General
del Instituto Geográfico y Catastral, en la que se trata del asunto del
replanteo del límite entre los términos de Jódar y Úbeda
en el lugar conocido como Cortijo "La Universidad", formándose
expediente en enero de 1929 por el Perito Agrícola Rafael Delgado Barrera
y José Mª Mesa, Práctico laboral y representante del Ayuntamiento,
acordandose se practique un nuevo deslinde y amojonamiento en los puntos dudosos,
ya que al parecer el propietario del Cortijo "Las Rejas" había
cambiado los mismos para incorporar la totalidad de esta finca al término
de Úbeda.
La escasez del término como causa de los problemas sociales y económicos.
Propuestas de ampliación.
Ante esta situación de indefinición de los términos, el
Ayuntamiento comienza a culpar de la situación actual del municipio a
la escasez de término, propiciada por un aumento vertiginoso de la población
que no se corresponde con el aumento de los espacios de trabajo, quedando paralizadas
inexplicablemente las discusiones sobre los límites con Úbeda
o Bedmar, así como las continuas incursiones de los vecinos de Bélmez
de la Moraleda. A la llegada de la II República, el Ayuntamiento en sesión
del 19 de septiembre de 1931 pide al Gobernador:
"En la Gaceta del 16 aparece un Decreto del Ministerio de Trabajo y Previsión
del 12 del actual cuyo art. 4º y su aplicación a este municipio
es evidente por tener Jódar cerca de 14.000 hectáreas de extensión
de las cuales solo unas diez a once mil son susceptibles de cultivo. El censo
obrero asciende a 1.200 dedicados a la agricultura, en cambio el término
municipal de Úbeda, limítrofe de Jódar es extensísimo
y de una densidad de obreros mucho menor en relación con la excesiva
de Jódar. Además el término todo de Úbeda por la
calidad inmejorable de sus terrenos, es susceptible de cultivos no interrumpidos
que proporcionen por consiguiente más trabajo al obrero agrícola.
No ocurre lo mismo en Jódar en que la mayor extensión del terreno
cultivado se dedica al olivar y la parte que se siembra es solamente de año
y vez. Por todo lo que suplico a V.E. que teniendo por presentado este escrito
se sirva remitir al Ministerio de Trabajo este Plan de agregación ordenando
al Ayuntamiento de Úbeda, la admisión de obreros de Jódar
para trabajar en dicho término" (A.M.J. Libro de Sesiones 1931).
Es aquí a través de esta propuesta, del Alcalde en funciones,
José Gallego Montiel cuando comienzan las sucesivas gestiones, no sólo
para la admisión de obreros, sino para agregar al término de Jódar
las partes limítrofes del de Úbeda, volviéndose a insistir
en esta cuestión el 28 de enero de 1932, ante la grave crisis obrera,
formandose el día 21 de abril una comisión para visitar al Ministro
de Trabajo en Madrid, enviándose al Gobernador Civil, el día 23,
una estadística que en la que se dice, entre otras cosas: "Jódar,
pueblo de escaso término, en que la mayoría se dedica a cultivo
de olivas, monte, erial y pastos, se siembra una cuarta parte del término,
cuyo terreno es pobre y por consiguiente de escasa producción cerealista".
El 6 de mayo se da cuenta del viaje realizado a Madrid para gestionar del Gobierno
la ampliación del término de Jódar, siendo recibida la
Comisión por el Director General de la Guardia Civil el General Cabanellas,
gracias a la intervención del General Fresneda, facilitando la audiencia
con el secretario de la Presidencia, "quien tomó nota del asunto",
pero nada se hace y se vuelve a insistir en que la solución al problema
del paro obrero era la ampliación del término municipal; en todos
los informes dados sobre la situación del municipio, durante todo el
siglo XX, se coloca como principal causa del paro estacional la escasez del
término municipal, dada la prohibición de trabajar en otros términos,
existente hasta los años 50, salvo expresa autorización.
Con las continuas reivindicaciones de las fincas del Chantre, en el Donadío,
junto al río Guadalquivir, en término de Úbeda, durante
los años 80, y su entrega a cooperativistas, en su mayoría de
Jódar, para la plantación de espárrago blanco y otros productos
hortofrutícolas alternativos se ven cumplidas, en parte, las viejas aspiraciones
del municipio desde el siglo XV, aunque continua reivindicandose la aplicación
del Decreto Cota-400 que recoge la entrega de sobrantes de fincas anejas a la
anterior.
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